Crónicas de un viaje a París

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Algunos no aprenden, y es mejor así. Dejando sus conexiones libres y sin proteger, gente sin escrúpulos como yo puede robar un poco de ancho de banda (que seguramente le sobre porque estoy aquí en Francia) y hacer sus cosas en Internet (entre otras leer el correo y postear en el blog).

21/09/2005. 14h48
El lejano aeropuerto de Bilbao es grande, moderno y frío.
Después del obligado paso por la facturación, vamos a la cafetería para comer algo. Nos dan la esperada clavada, casi de rigor, para dos bocadillos fríos y mal hechos. Hay enchufes para conectar mi cansado y agotado portátil pero no hay ninguna conexión wi-fi disponible para los viajeros y clientes. Es una pena, para un lugar que se quiere moderno y una ciudad que alberga un museo de vanguardia, el Guggenheim.
Lo volveré a intentar desde la Sala de Embarque, a ver si hay más suerte.

15h45. Tampoco hay suerte y además ya es hora de subir al avión.

16h10. El avión es pequeño y está a tope. No me pueden colgar como Dios manda los trajes para la boda. No hay este servicio a bordo me dice la vieja azafata. Creía viajar con Air Europa (por lo menos eso indicaban mis billetes) pero al final parece ser que es de Air France, más precisamente Brit Air, una compañía que no conocía, tipo regional, ya que el en logo tiene la Cruz Bretona.
Nos instalamos al fondo del todo, me gustan estos sitios ya que siempre es aquí de donde salen los supervivientes (salvo en Viven), y últimamente hay que tomar precauciones. Craso error porque los últimos asientos no se pueden tumbar (los penúltimos si, obviamente, y el mamón de delante hace uso de esta capacidad del asiento). Tampoco hay sitio arriba ya que aquí se encuentran el material didáctico de la azafata. Menos mal que los dos japos que viajan al lado nuestro no tienen equipaje.

17h30. El aparato es pequeño, ya lo he escrito, pero también es lento, aunque llegamos a París con 10 minutos de adelanto.
Hace un tiempo maravilloso, y calor, mucho calor. Me sobra media ropa.
Mi futuro cuñado viene a buscarnos, que majo. Con las cosas que tendrá que preparar. Los atascos son interminables pero llegamos antes de lo previsto a Rueil-Malmaison.

20h15. Una vuelta rápida por el centro de la Ciudad. Esta todo precioso y renovado. Es mi pueblo, no tiene nada de especial, a estas horas ya no hay ni una alma por las calles, pero es mi ciudad, es donde he nacido y me gusta.

22h00. Mi padre nos lleva a Maisons-Laffite. Allí dormiremos Marta y yo estos días. La casa de mi fallecida abuela nos acoge entre viejos recuerdos y abrigos de lana llenos de polvo. La casa es de construcción moderna pero en su interior más de 50 años en objetos no vuelven a traer a un pasado de post-guerra donde el lujo estaba prohibido y desaconsejado.

Mañana intentaremos ir a la renovada bóveda del Grand Palais. Dicen que es una maravilla. Pero esto es otra historia.

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